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Cada recuerdo te sabe distinto, y cada esencia es una cepa guardada y clasificada en tu memoria.
Los momentos añejados en el roble de nuestro pasado, en lo profundo de tu mente, toman el matiz correcto en las sombras. Esa que rodeaba tus besos sobre mí.
Mi sabor aún ronda sobre tus labios y te recuerda que aún sigo ahí, peligrosamente en lo íntimo de tu memoria. Los meses pasan intensificando el sabor de nuestros momentos, una etiqueta imborrable.
Mis manos, un souvenir de cada visita nocturna...
Soy el presente con un sabor añejo, que envejece en la oscuridad de tus recuerdos como un Cabernet Sauvignon. Soy el licor que levantas cada noche en compañía. Una maldición susurrada por tu insistencia y casi de casualidad por tu boca, en silencio y a escondidas. Sin que me nombres vuelvo a ti.
En el conflicto interno que te atrapa, te sacude y te confunde. Con cada beso, entre tus sábanas envuelta en mis brazos, transformé tu mente en una cava.

