Siento que huelo a ti

Por mucho que el tiempo corra, sellando con cada minuto el pretérito de extrañarte, aún siento que huelo a ti. En cada encuentro en lo más profundo de mi inconsciente sigo oliendo a ti. Mis deseos más íntimos llevan tu esencia y, exageradamente cierto, cada halo de mis partículas deja esa nube de probabilidad e incertidumbre de volver a orbitarme.

En mí tu habitar fue hasta hace poco, el andar hizo lo suyo y lo transformó en superposición. Me adentro a encontrarte por dónde te siento en mi interior, pero ya no estás. No hay posición exacta. Con todo lo aprendido te sigues escabullendo a mi precisión.

Atraviesas las paredes de lo que me he convertido, logrando generar nuevos patrones en mi mente. Geometrías perfectas en su simetría, un tatuaje armónico.

Me intrigo al ver cómo cambia tu comportamiento al observar lo que haces, y cuando no también. Mi observar condiciona lo que eres. Te sigue definiendo. 

Me he rendido por intentar comprender todo. Simplemente asumo con desconcierto que enlazas mi química con tu carga danzando alrededor de mi núcleo. Entregado a esto me transformas.

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He logrado habitar el estado de fluidez artística solo transitando la creatividad a puro sentimiento porque "lo más personal es lo más creativo".

La Cava

Cada recuerdo te sabe distinto, y cada esencia es una cepa guardada y clasificada en tu memoria. 

Los momentos añejados en el roble de nuestro pasado, en lo profundo de tu mente, toman el matiz correcto en las sombras. Esa que rodeaba tus besos sobre mí.

Mi sabor aún ronda sobre tus labios y te recuerda que aún sigo ahí, peligrosamente en lo íntimo de tu memoria. Los meses pasan intensificando el sabor de nuestros momentos, una etiqueta imborrable.

Mis manos, un souvenir de cada visita nocturna...

Soy el presente con un sabor añejo, que envejece en la oscuridad de tus recuerdos como un Cabernet Sauvignon. Soy el licor que levantas cada noche en compañía. Una maldición susurrada por tu insistencia y casi de casualidad por tu boca, en silencio y a escondidas. Sin que me nombres vuelvo a ti.

En el conflicto interno que te atrapa, te sacude y te confunde. Con cada beso, entre tus sábanas envuelta en mis brazos, transformé tu mente en una cava.

XXIV Santiago en cien palabras

Improbable

Le gustan las matemáticas; ve números, formas y problemas en todo Santiago al caminar. Busca el porqué de muchas cosas y planifica demasiado lo que pretende realizar. Parecía que tenía todo planificado, pero ella es esa hermosa casualidad que se escabulle entre la precisión de los números. Aún con tanto frío, ese invierno igual floreció.

No quiero ser una súper estrella

Alguna vez también quise tocar el cielo, convirtiéndome en una súper estrella, como todos. Hoy sólo deseo poder tirar los miedos al fondo de mi océano interior y que, a pesar de lo grande que sea, mis noches no se transformen en largas y oscuras tormentas.

Superpoder

La gente pasa, ella los ve pasar a todos mientras está sentada en una banca del Parque Bustamante. Pareciera ser invisible, como un superpoder. Una mujer, algo más mayor, se acerca mirando fijo a la banca como si ella tuviera la habilidad de ver lo que los demás no. Se sienta al lado de ella y mientras le seca las lágrimas de su mejilla, ofreciéndole un abrazo, le pregunta: ¿por qué lloras, chiquilla?

El monstruo

Mamá cuidaba de nosotros todos los días mientras papá trabajaba en Bustamante. Ella ayudaba a levantarnos, nos acompañaba al colegio y nos esperaba a la salida para volver caminando a casa por las calles de Puente Alto. A veces, cuando nos portábamos mal, aparecía un monstruo que nos asustaba mucho por las cosas que hacíamos. Nos prohibía contar cualquier cosa. Gritábamos por mamita, pero nunca aparecía, al parecer el monstruo la encerraba y no dejaba que nos defendiera. Cuando mamá lograba salir nunca nos hablaba, siempre creí que se sentía culpable.

Habítame

Sumérgete en lo más profundo de mí, rasgando con caricias el telón del deseo más oculto, ese que te apetece.


De a bocados devora, cada centímetro de mi piel erizada mientras tus manos rodean la frontera de mi ser. Acorralas el placer más instintivo de mi control sobre ti, muy en el centro de mí se acumula con interés, una deuda por saldar.


Debajo tuyo, tumbado entre tus piernas, no tengo forma que limite lo que puedo ser. Sólido, líquido y erotizado, moldeado entre la punta de tus dedos.


Tu boca con delicadeza, violenta mi sentir. Dibuja cada poro, un braille sobre mi piel, queriendo decir que te pertenezco.


Esta primera noche, en silencio y en cada rincón, cala en mí, sin reparos, todo lo que eres. Bajo mi piel, en lo maravilloso de lo cotidiano, habítame.

Vip


Periódico, cual decimal infinito, me visitas y me traes una invitación 

a primera fila

para tu actuación en la gran obra semanal.


El vestuario, la escenografía y las luces están bien cuidadas pero sin ser actor, la puesta en escena me parece bastante forzada, desinteresada o incluso mal ensayada.


Invitarme a ver, periódicamente al igual que un decimal infinito, no construye encuentro. Espero no se trate de medir tu felicidad con la mía, porque no estando en soledad ambos, yo dejo de ser tu pasado. Me traes, cada vez, a tu presente. Sigo siendo, para bien o para mal, tu presente.


Tocas mi hombro con sutileza, volteo a mirar, ¿buscas mi arrepentimiento de no ser yo quien te acompañe? Lamentablemente para ti. Orgulloso del amar sincero y cálido por ti.


Intentas que mi ego se siente a jugar esta partida de ajedrez contra ti. No lo haré. Respeto mi viaje, me debo en primer lugar; y segundo por respeto a ti, por supuesto. Aún así, ¿Para qué comenzar una partida ya ganada?


No hay intimidad, no hay espontaneidad y tampoco romanticismo. Claro está que en el romance; lo íntimo, lo sublime y lo efímero no requieren puesta en escena o faroles que lo alumbren, de espectáculo no se trata.


¿Buscas medir mi felicidad? Sumérgete en ella. Es un océano vasto sin costas lleno de vida en la superficie, y hasta en el pozo más profundo y oscuro encontrarás regocijo y calidez.


¿Buscar medir mi arrepentimiento o sólo te proyectas? ¿Aún sientes mis manos sobre tu cuello y te niegas a gritar que me extrañas cada noche, antes de dormir en compañía?


Soy el presente con un sabor añejo, que envejece en la oscuridad de tus recuerdos como un vino de mesa. Soy el licor del cual bebes cada brindis porque te habito. Una maldición susurrada por tu insistencia y casi de casualidad por tu boca, en silencio y a escondidas. Sin que me nombres vuelvo a ti.


En primera fila, 

esperaré

el fin de esta tragedia romántica.

Cinema - The Marias

 

 



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